El rey don Felipe ofrece un discurso en los premios Princesa de Asturias

Ficha técnica


Fecha 23/10/2026
Parte 1
Duración 00:09:27
Sonido Totales
Edición Bruto Compactado
Localización Oviedo
Firma Europa Press

El rey don Felipe ofrece un discurso en los premios princesa de Asturias donde destaca: " y es un orgullo, me permitirán confesarlo, ver cómo Leonor, la princesa de Asturias, sigue dando pasos firmes como presidenta de honor de la fundación, mientras se forma y acumula experiencias valiosas en su aprendizaje vital, como hace también la infanta Sofía. La princesa ha glosado. Los méritos de nuestros premiados, aunque no solo. Y a mí me gustaría añadir alguna reflexión final. Y permítame que comience, ya que estoy aquí sobre este escenario, por la figura de Leopoldo alas clarín, que impulsó la construcción del teatro Campoamor y de cuyo fallecimiento se cumplen 125 años. Dijo clarín, las lecciones del mundo están hechas en el teatro. El idioma del que no se puede traducir nada, el de la experiencia. La frase define con justicia, me parece, el rasgo que comparten año tras año nuestros premios princesa de asturias, una rica experiencia de aprendizaje, una experiencia que no se puede transferir ni explicar, sino solo vivir, y que al cabo de nuestro periplo vital será nuestro patrimonio. Nuestro gran patrimonio" Imágenes del rey dando su discurso: "Presidente del Principado de Asturias, Presidente de la Fundación Princesa de Asturias, autoridades que nos acompañan, presidentas y presidentes del Congreso, del Senado, del Tribunal Constitucional y de la Cámara. Consejo General del Poder Judicial, vicepresidentes, ministro y delegada del Gobierno, alcalde de Oviedo, autoridades, patronos, jurados, premiados de otras ediciones, queridos premiados, señoras y señores. Es una alegría estar de vuelta en Asturias. Estos premios, ya por su 46 ediciones, han adquirido la cadencia serena de las cosas bien hechas. Pero sin renunciar a la novedad, siempre hay algo que nos sorprende. Gracias a todos por acompañarnos, a la Fundación, los patronos, por hacer lo posible, y a los premiados, el tiempo que nos han dedicado estos días de auténtica inmersión asturiana. Y es un orgullo, me permitirán confesarlo, ver cómo Leonor, la Princesa de Asturias, sigue dando pasos firmes como Presidenta de Honor de la Fundación, mientras se forma y acumula experiencias valiosas en su aprendizaje vital, como hace también la Infanta Sofía. La Princesa ha glosado. los méritos de nuestros premiados, aunque no solo. Y a mí me gustaría añadir alguna reflexión final. Y permítame que comience, ya que estoy aquí sobre este escenario, por la figura de Leopoldo Alas Clarín, que impulsó la construcción del Teatro Campoamor y de cuyo fallecimiento se cumplen 125 años. Dijo Clarín, las lecciones del mundo están hechas en el teatro. El idioma del que no se puede traducir nada, el de la experiencia. La frase define con justicia, me parece, el rasgo que comparten año tras año nuestros premios Princesa de Asturias, una rica experiencia de aprendizaje, una experiencia que no se puede transferir ni explicar, sino solo vivir, y que al cabo de nuestro periplo vital será nuestro patrimonio. Nuestro gran patrimonio. Es importante subrayar esta idea, el valor de la experiencia en un mundo que marcha al dictado del bombardeo informativo y la agregación masiva de datos, un mundo en el que la inteligencia artificial a veces nos parece por eficaz e inmediata, más fiable incluso que la humana. Nuestros premiados desarman esa impresión, sus logros vividos y trabajados.hasta la médula demuestran que sólo con esfuerzo y constancia puede el talento convertir su potencial en realidades tangibles y duraderas. El proceso casi artesanal que va del yo a la sociedad, del potencial al resultado requiere tiempo, a veces desemboca en una gesta deportiva. En una gran novela, en un hallazgo científico o en un teorema que explica mejor el mundo, aquello que muchos, la mayoría, vemos como casi inalcanzable. Pero no siempre sucede así, a menudo resulta en algo sencillamente bien hecho, una obra útil para la sociedad. ¿Y cuántos millones de personas hay a los que de manera anónima debemos esa dedicación? La inteligencia artificial o su evolución futura, que llaman la superinteligencia, ha demostrado con creces que puede absorber todo el conocimiento humano y devolverlo sintetizado con una inmediatez asombrosa. Pero cabe preguntarse si sería capaz de algo muy distinto, casi contradictorio o contrapuesto. De aprender a través del tiempo, del paso del tiempo, conciliando gradualmente como hacemos los seres humanos, el conocimiento con ese necesario aprendizaje moral que sólo puede dar la edad, la consideración por los demás y la experiencia. La moraleja de todo ello es que necesitamos darnos tiempo, tiempo para obtener resultados, objetivos para llegar a metas y necesitamos paciencia también como sociedades, sobre todo en este mundo de aceleración tecnológica. Tenemos mucho que ofrecer y que ofrecernos, démonos tiempo, démonos confianza para llegar a la mejor versión de nosotros mismos. También requiere tiempo en una sociedad madura como la nuestra, el ejercicio de la democracia. No se agota en unas elecciones como las que pronto viviremos donde los ciudadanos tendrán, una vez más, la altísima responsabilidad de definir la orientación política de nuestro país. La democracia requiere compromiso diario, cívico y exigente, de un cuidado de sus formas e instituciones para seguir garantizando nuestra convivencia, para alumbrar esa búsqueda del bien común. Que atienda y equilibre, del mejor modo posible, los legítimos intereses de todos los ciudadanos. La democracia, en definitiva, es también una experiencia, un aprendizaje, y hemos aprendido mucho en estas cinco décadas que ya median entre la aprobación de aquella Ley de Reforma Política y la actualidad. Recordemos que un proceso complejo, basado en la generosidad y la legitimidad, nos permitió nada menos que pasar pacífica y admirablemente de la dictadura a las libertades. Un proceso cimentado en una Constitución, la nuestra de 1978, capaz de acoger a todos los españoles sin distinción alguna. Y desde entonces el camino sigue adelante. Se renueva año tras año y nos obliga a todos a ser humildes, a mantenernos alerta, a renovar también como ciudadanos nuestra constante voluntad de aprender y mejorar. Señoras y señores, comencé con clarín y quiero terminar por otra acima de nuestras letras, de cuyo fallecimiento se cumple también este año un aniversario importante, 40 años. Me refiero al gran Jorge Luis Borges. Argentino y universal, al que en cierta ocasión, siendo ya muy anciano, le preguntaron por el oficio de escribir y él respondió, escribir es soñar y uno tiene que tratar de soñar sinceramente. Son palabras útiles, me parece, para cualquier oficio y actividad humana, la sinceridad en lo que hacemos, queremos, anhelamos. Imaginamos, ese es el requisito esencial para culminar nuestro aprendizaje, para que los esfuerzos den fruto, para tener al final del camino algo valioso que devolver a la sociedad, y nuestros premiados nos lo demuestran, nos dan ejemplos excelentes de hasta dónde puede llegar una vida, una trayectoria, un proyecto de creación o de investigación cuando se viven sinceridad, una sinceridad que nunca podrá alcanzar por sí solo un algoritmo. Estos premios son el testimonio de nuestra admiración y de nuestra gratitud. Gracias a todos por renovar nuestro ánimo, por demostrarnos lo alto que puede volar la inteligencia cuando va unida al esfuerzo, a los valores y a la creatividad. Es decir, al espíritu humano. Muchas gracias"

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