Ficha técnica
El Rey Felipe VI ha explicado cómo viven tanto él como la Reina Letizia este primer año universitario de la Princesa Leonor: "Mi hija ha empezado este año su vida universitaria civil y sus padres lo estamos viviendo con esa mezcla de ilusión, orgullo e incertidumbre". También ha advertido sobre la desinformación y el uso de la Inteligencia Artificial (IA) y ha defendido el papel de los centro universitarios para evitar "encerrarnos" y "conocer sus posibilidades". Don Felipe ha presidido el acto de apertura del curso académico nacional 2026/2027 de las Universidades Españolas en la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT). Discurso Felipe VI: "Muy buenos días, Presidente de la Región de Murcia, Ministro de Ciencia, Innovación y Universidades, Presidenta de la Asamblea Regional de Murcia, Delegado del Gobierno en la Comunidad Autónoma, Alcaldesa de Cartagena, Rector Magnífico de la Universidad Politécnica de Cartagena, nuestra anfitriona de hoy, Rector Magnífico de la Universidad de Murcia, Presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas, rectores y rectoras, autoridades civiles y militares, profesores, estudiantes, señoras y señores. Celebrar un nuevo curso es celebrar un nuevo comienzo y me alegra que esta apertura oficial del curso universitario este año me haya traído aquí, a la Universidad Politécnica de Cartagena, heredera de una larga tradición de ingeniería y de vocación de servicio, de la que dan fe escuelas como la de ingeniería naval y oceánica, la de agrónomos o la de arquitectura, y situada en una ciudad que es la síntesis de, desde tiempos remotos, de este mediterráneo tan querido, un lugar de encuentros, de emprendimiento, de ciencia y de navegación. Muchos de vosotros estáis viviendo estos días ese momento de llegar por primera vez a la universidad, cuando todavía no conocéis a nadie y está todo o casi todo por descubrir. Y es este también, un modo u otro de un modo u otro, un nuevo comienzo para el conjunto del sistema universitario, para los casi dos millones de estudiantes que cursan sus estudios en nuestras universidades, para quienes enseñáis, para quienes investigáis y también para las familias. Como sabéis, mi hija la princesa Leonor ha empezado este año su vida universitaria civil y preciso lo de civil, porque lleva ya tres años cursando su plan de estudios en las tres academias militares, la Academia General Militar de Zaragoza, la Escuela Naval de Marín y la Academia General del Aire y del Espacio de San Javier, aquí en Murcia. Y todos ellos, sus alumnos, son también universitarios.Y sus padres, la reina y yo, lo estamos viviendo pues nuevamente con esa mezcla de ilusión, de orgullo e incertidumbre que acompaña a todo comienzo importante. La universidad encarna a la perfección la simbiosis entre el saber como tradición y el saber como aventura. Es lo mismo que parece sugerir el lema que figura en vuestro escudo, fechos allá en mar, hechos más allá del mar. Vais a recibir todo un acervo, libros, todavía hay libros, fórmulas, autores, teoremas y con ese acervo la responsabilidad de preguntaros qué hay más allá y de atreveros a buscarlo. Esa doble tarea, recibir y explorar, aprender y cuestionar, es especialmente importante en los tiempos que corren. La filosofía, la filósofa Marta Nussbaum, premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales de 2012, advertía de que nuestros sistemas educativos podían formar personas muy útiles, pero no necesariamente ciudadanos capaces de pensar por sí mismos. Ese riesgo se agrava hoy. Vivimos rodeados de información, pero también de un volumen ingente de desinformación. Corremos el riesgo de encerrarnos de manera inconsciente en una de esas cámaras de eco que nos reafirman sólo en lo que ya sabemos, en lo que ya pensamos, en lo que ya creemos, haciéndonos inmunes a la diferencia, a la diversidad, incapaces de mirar más allá. Y precisamente por eso necesitamos instituciones que nos ayuden a salir de esos espacios cerrados y a convertir la información en conocimiento, el conocimiento en criterio. La universidad puede y debe ser una de ellas. El buen uso del saber exige algo que las universidades conocen desde hace muchos siglos, el valor de la discusión rigurosa. Pienso en la disputatio de las primeras universidades europeas que sometía cada cuestión a argumentos, objeciones y respuestas. Internet, las redes sociales, ha multiplicado la conversación, pero no estoy seguro de que haya multiplicado en la misma medida la disputatio. A este reto se añade paradójicamente al que plantea otro de los grandes instrumentos de nuestro tiempo, ya lo pueden adivinar, la inteligencia artificial. Se trata de una herramienta extraordinaria por su capacidad de eliminar barreras, como nos lo acaba de explicar el profesor Antonio Sánchez Kayser en su brillante lección magistral, siempre y cuando aprendamos a usarla, a gobernarla y a vincularla a ese control último que debe ser la inteligencia humana. La cuestión, por tanto, no es sólo qué puede hacer la inteligencia artificial, sino para qué la podemos utilizar y la queremos utilizar. Conocer sus posibilidades, comprender sus límites y orientar su uso resulta esencial para que no se convierta en un catalizador de desigualdades, sino en un instrumento al servicio del bien común. Las preguntas de nuestro tiempo son de una complejidad tal que necesitan ingenieros y filósofos, científicos y juristas, y necesitan, en definitiva, universidad. Un espacio donde se amplíen las fronteras del saber, donde se aprenda a convivir con la discrepancia y a ejercer una ciudadanía libre y responsable, porque la universidad no sólo forma profesionales, sino que forma ciudadanos. Detrás de esa tarea hay muchas personas, quienes enseñáis e investigáis, quienes gestionáis y quienes sostenéis desde tantos otros ámbitos la vida universitaria. A todos os quiero expresar mi reconocimiento, mi gratitud y mi ánimo. Pero más allá de las aulas y del campus están las instituciones y la sociedad en su conjunto, cuyas contribuciones también es esencial para la buena salud de nuestro sistema universitario. Hacen falta recursos, confianza y autonomía para investigar, enseñar y pensar con libertad. Hacen falta interacción con el mundo de la empresa y, desde luego, con el exterior. Porque el conocimiento crece también cuando se contrasta con otras realidades, con otros países, con otras formas de hacer y de pensar. Esta apertura al mundo, a lo desconocido, está muy ligada a esta tierra. Aquí, en Cartagena, hace siglo y medio Isaac Peral inventó el primer submarino propulsado eléctricamente. Ahora celebramos el 175 aniversario de su nacimiento. Su historia resume lo que quiero deciros hoy. Ampliar los horizontes del conocimiento requiere mucho trabajo, mucha disciplina, horas de estudio e investigación y no pocas frustraciones y fracasos. Pero también ofrece la posibilidad de que aquello que hoy aprendéis, imagináis o investigáis se convierta mañana en algo que transforme y mejore nuestra realidad. Ese es, en el fondo, el sentido de la universidad. Recibir el saber, comprenderlo, contrastarlo y hacerlo avanzar. Encontraos con quienes piensan de otro modo y ponerlo al servicio de vuestro propio crecimiento y el de la sociedad a la que pertenecéis, como profesionales y como ciudadanos. Esa es la tarea que tenéis por delante. Y ahora, con mi deseo y esperanza de que alcancéis el conjunto de la comunidad universitaria, vuestros altos objetivos, declaro oficialmente inaugurado el curso académico 2026-2027 de las universidades españolas. Muchas gracias". (Fuente: UPCT)
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