Ficha técnica
José Sacristán recibe el Premio Film Historia de la UB por sus 70 años de trayectoria: "me emociona estar en el templo de la cultura. Yo dejé de estudiar cuando tenía 13 años. En la España de los 50 había que ayudar a la economía familiar. Y desde entonces he perseguido estar informado, estar formado, estar... Estar. Y este lugar acojona. Nunca tuve acceso a un aula en condiciones. Eran los colegios en los que los curas te inflaban a hostias, pero te daban de comer. Bueno, ser reconocido por una universidad, cuando voy a cumplir 89 años dedicado al mundo de la cultura y el espectáculo, es muy gratificante". El actor ha explicado: "entonces he procurado hacer eso, de que sea de alguna utilidad y hasta ahora debo decir que ya llevo unos cuantos años recibiendo la aprobación de la gente que acude, no solamente en cuanto a las cuestiones de fondo y de forma, sino algo también muy importante para mí, algo que pasa por el sentimiento que lo que ocurra o que lo que nos ocurra a los que estamos ahí, que están en el escenario, que están en la pantalla y los que están sentados, sea algo parecido a una especie de transformación. No digo, no quiero utilizar términos que vayan más allá de lo razonable en este sentido, pero que esa transformación a veces sea simplemente el haber proporcionado un rato de entretenimiento, de reflexión, de consideración o vaya hasta saber qué, pero que, vuelvo a insistir, aquel crío que con 13 años ya bueno, yo escribía novelas con 12 años, 13 años, cuando mi padre me metió en la institución sindical de formación profesional virgen de la paloma. Entonces, a un vecino ya me prestaba libros, el otro, bueno, siempre he andado ahí y después, por mi condición de actor, cuando a mí me toca hacer el servicio militar, tengo la suerte, porque yo ya trabajaba de mecánico y yo no podía decirle a mi padre, mañana no voy al taller porque quiero ser artista, no, hubiera sido un disparate". Declaraciones de José Sacristán: Me emociona estar en el templo de la cultura. Yo dejé de estudiar cuando tenía 13 años. En la España de los 50 había que ayudar a la economía familiar. Y desde entonces he perseguido estar informado, estar formado, estar... estar. Y este lugar acojona. Nunca tuve acceso a un aula en condiciones. Eran los colegios en los que los curas te inflaban a hostias, pero te daban de comer. Bueno, ser reconocido por una universidad, cuando voy a cumplir 89 años dedicado al mundo de la cultura y el espectáculo, es muy gratificante. Me gustaría que hubiese más gente joven aquí. Sí, me gustaría, no por mí, sino porque se supone que cine e historia relacionados con la filosofía, con la historia y con la geografía, podrían interesar a unos jóvenes que no parece ser que se interesen demasiado y lo lamento. Lo lamento. Pero os habla un currante del cine y de la historia. Un currante agradecido, vuelvo a decir, y honrado y emocionado por este reconocimiento vuestro que yo valoro, haya jóvenes o no, me da igual porque si algo he pretendido a lo largo de estos casi 70 años que vengo dedicándome a este negocio es cuando he podido elegir mi trabajo, que mi trabajo fuera de alguna utilidad para los que lo vieran no tengo ninguna, no establezco categorías ni jerarquías en los géneros ni en los medios Pero hacerlo bien es igual de difícil en una comedia, en una tragedia, en un drama, en la televisión, en el teatro, en el cine, es exactamente igual de difícil. Y la posibilidad de poder incidir o de repercutir en la sociedad para la que te dedicas no siempre está al alcance de tu mano porque no siempre puedes elegir. Y como podéis imaginar, en los comienzos uno tuvo que hacer frente a historias estúpidas, con personajes estúpidos, en una España estúpida de la que uno podía o intentaba salir de la mejor y más digna manera posible, pero no siempre se podía dar con todo, sí quiero y me importa señalar es que si algo tiene un valor para mí es la gratitud y aquellas películas o aquellos que viven los trabajos podían tener un valor, un contenido u otro, pero yo personalmente, hace ya muchos años, no consiento que nadie les toque un pelo de la ropa a la memoria de aquella gente que confió en mí en aquel momento. Con ellos aprendí lo poco mucho que sé, con ellos pude pagar el colegio de mis hijos y comprar algún que otro disco, algún que otro libro, incluso hacer algún que otro viaje. Y les sigo estando igual de agradecido. Con todo, hemos ido contando parcelas de la historia de este país que en el tiempo, seguramente muchos de estos documentos o estas películas, estas cosas, informan más por lo que ocultan que por lo que muestran. La doble moral de la derecha de aquel tiempo, en fin, los subterfugios, la ternura conmovedora del destape, que a mí lo que me produce es una ternura inmensa, cuando los reprimidos y sufridos españoles de a pie descubrimos que las señoras tenían unas glándulas mamarias, tenían otros atributos, en fin, todo aquello. En aquel potaje de ir y venir de unos y otros y de ver de encontrar nuestro camino a lo largo de tantos años de franquismo y de ver la posibilidad de salir del túnel, Y llegó un día en que se dio, y se dio la posibilidad de ser, eso sí, un testigo de tu tiempo y al mismo tiempo comprometido con la crónica que contabas. Tuvimos, yo como actor, no solo de cine sino de teatro, la posibilidad de hacer Flor de Otoño, Diputado, Operación Oro, en fin, asignaturas, solos en la madrugada, películas que más allá de su bondad sí nos contaban y contaban lo que nos pasaba y las aspiraciones que podíamos tener. Insisto en lo de, al mismo tiempo, no perder nunca de vista mi formación, mi afán de conocer y de estar siempre de gente que supiera, o que más que yo, o que hubiesen estudiado, que yo supiese que admiraba entre ellos el más importante posiblemente, Fernando Fernández Gómez, para, insisto, no solamente con mi trabajo de actor, ganarme la vida y ganar un prestigio y demás, sino, insisto, en la posibilidad siempre de ser de alguna utilidad para aquella gente que se interesa o podía interesarse por mi trabajo. Y por ahí ya después de tantos años debo decir que estoy bastante satisfecho. Sé que cuento desde hace ya mucho tiempo con la fidelidad de un número de personas que se interesan por lo que propongo y casi siempre lo que propongo son cosas que podemos manejar entre cuatro amigos, siempre acompañando mi mujer, por supuesto, en todos los aspectos, y con tres o cuatro amigos más y ahí vamos dando testimonio de una manera de pensar traducido, ojo, nunca queriendo convertir el escenario o la pantalla en un púlpito, ni en una tribuna, ni en un sitio donde enseñar a nadie cómo tiene que vivir. No, porque esos son los panfletos. Me gusta sobre todo encarar historias donde la peripecia dramática tenga tal intensidad o importancia, o si no es dramático, que sea cómica, porque hay autores y películas en clave de comedia que informan en ocasiones muchísimo mejor de la sociedad en que se desarrollan que muchos dramones o incluso que mucho cine político hecho a ultranza, que se acaba convirtiendo en un puto panfleto. Entonces he procurado hacer eso, de que sea de alguna utilidad y hasta ahora debo decir que ya llevo unos cuantos años recibiendo la aprobación de la gente que acude, no solamente en cuanto a las cuestiones de fondo y de forma, sino algo también muy importante para mí, algo que pasa por el sentimiento que lo que ocurra o que lo que nos ocurra a los que estamos ahí, que están en el escenario, que están en la pantalla y los que están sentados, sea algo parecido a una especie de transformación. No digo, no quiero utilizar términos que vayan más allá de lo razonable en este sentido, pero que esa transformación a veces sea simplemente el haber proporcionado un rato de entretenimiento, de reflexión, de consideración o vaya hasta saber qué, pero que, vuelvo a insistir, aquel crío que con 13 años ya bueno, yo escribía novelas con 12 años, 13 años, cuando mi padre me metió en la institución sindical de formación profesional Virgen de la Paloma. Entonces, a un vecino ya me prestaba libros, el otro, bueno, siempre he andado ahí y después, por mi condición de actor, cuando a mí me toca hacer el servicio militar, tengo la suerte, porque yo ya trabajaba de mecánico y yo no podía decirle a mi padre, mañana no voy al taller porque quiero ser artista, no, hubiera sido un disparate. Entonces, yo ya alternaba el taller con grupos de aficionados, al tocarme la milia en Melilla vi El cielo abierto, porque eran 18 meses de cortar todo relación familiar, y le dije a mi padre que al licenciarme ya yo no volvería al taller, que ya me las apañaría. Y lo primero que hice cuando fui a Melilla fue apuntarme en la biblioteca pública y empezar por el primer libro de la A. Yo sabía que tenía 18 meses para armarme, para formarme en lo que pudiera. Recuerdo que iba por la B, un filósofo ruso, Nicolás Verdiaev, no entendía un carajo de lo que leía, no entendía absolutamente nada. Cuando coincidí, me metieron en el calabozo y coincidí con un amigo que después ha vivido mucho tiempo aquí en Barcelona, Joaquín Aguilera, que fue el que se acercó a mí y me trató de pues yo estaba llorando, me habían cortado el pelo al cero, fue una pena. Entonces él era universitario y entre él y otro amigo ya me hacían una selección de libros para que no fuera así. Insisto, estoy muy contento y muy agradecido de estar en el Auna Magna de una universidad en Barcelona, además. Siento la ausencia de jóvenes, por supuesto, pero os agradezco muchísimo vuestra presencia y, en la medida de lo posible, que entendáis que me voy, o me siento de verdad, sinceramente, no por el hecho en sí del reconocimiento de este momento, sino por poder participar con vosotros, con todos vosotros, con alumnos, con demás, de lo que es el ambiente de una universidad, porque para mí esto es como la cueva de Alibaba o la alfombra mágica o la lámpara de Aladino. Siempre por aspiración, siempre por aspiración, vengo de familia de campesinos, gente del campo, de la Castilla Campesina de los años 30. O sea, la puta era media. Ibas a cagar al corral con un candil de aceite. Y vengo, pues eso, puedo en un momento determinado decir que recordar a Antonio Machado, a Miguel Hernández o a Albert Camus, en fin, no nos vamos a poner pedantes. Pero el simple hecho de estar aquí, de que me permitáis entrar y no solo eso, soy objeto de reconocimiento, pues recibir mi más sincera gratitud, mi más sincero agradecimiento Y estoy de verdad agradecido, honrado y muy emocionado. Y en la medida de lo posible, que vuestra relación con el mundo de la cultura y el espectáculo aquí. Aquí le pegáis, le estáis dándole al marro de la filosofía, la historia y la geografía. Disciplinas que a veces caen en manos de gente desaprensiva y transmiten mensajes o interpretan la historia como les sale de los mismísimos y hacen verdaderas atrocidades. Entonces, depende de aquellos que se forman, que sepan, como decía don Antonio Machado, distinguir las voces de los ecos, distinguir las voces de los ecos y aprender de quien merece la pena aprender y rechazar. Imágenes de José Sacristán durante sus declaraciones en el Aula Magna de la Facultad de Geografía e Historia de la UB.
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